"SANTUARIO
líquido, templo mitral donde yace vivo el ídolo de oro” era la definición de
taberna del poeta, arqueólogo, y amigo de sus amigos Juan Bernier, a quien era
fácil encontrar charlando amigablemente ya fuera del Grupo Cántico, del mundo
tartésico o de su último viaje a Cartago. Y es que las tabernas no son lugares
de paso, sino de reposo; territorio de todos, generosas en la acogida, donde se
puede elegir entre la soledad reflexiva ante la copa, o la charla con los
ocasionales o con los amigos. Las tabernas favorecen la sociabilidad, facilitan
la comunicación, el intercambio de preocupaciones o alegrías, sirviendo el buen
vino como catalizador de las relaciones humanas, se convierten en lugares de
encuentro y convivencia netamente enraizados en las costumbres de los
cordobeses.
El hombre es un ser
de costumbres al que le gusta reunirse, desde la noche de los tiempos, en torno
a un placer histórico, el vino, y su enigmático descubrimiento: ya fuera el
mítico Noé, el divino Dionisios o el raciocinio humano del Neolítico, allá por
el 4.000 a. n. e. con el descubrimiento de la agricultura. La llamada
romanización trajo el término taberna que, en principio, no era más que el
nombre que se daba a los locales comerciales en los bajos de las casas. Con el
tiempo quedó sólo para aquellos establecimientos donde se reunían los hombres a
tomar algo de vino con los amigos y la Colonia Patricia tuvo también sus
tabernas, hecho que ha sido constatado por la Arqueología.
En la antigüedad
clásica el vino se consumía puro solamente por prescripción médica, se tomaba
mezclado con agua y miel y más caliente que frío y, además, era cosa de hombres.
A las mujeres les estaba prohibido no sólo entrar en las tabernas sino el propio
consumo, que una mujer casada bebiese vino era causa de divorcio. Pese a las
leyendas urbanas los romanos, en general, fueron bastante sobrios en el beber
porque entendían que el exceso embotaba el gusto y lo consumían en las comidas
moderadamente, aunque a partir del emperador Claudio se pierde el control, se
hace moda beber en ayunas y tomar vino como aperitivo antes de comer. Con los
visigodos fue moda beberlo en copas de vidrio, creían que éstas se quebrarían si
estaba adulterado. Otra leyenda urbana parecida a las de las bacanales romanas
se refiere a Al–Andalus y su tradicional prohibición de beber vino, pues por las
fuentes escritas se sabe que fueron muy ambiguos en este aspecto. Curiosamente
se prohibía la tenencia y el cultivo pero
respecto
al consumo… no se conoce ninguna sentencia judicial que condene el beber vino.
Las tabernas y taberneras de Córdoba en la época de Alhaken I fueron siempre
famosas, sobre todo las de Secunda, al otro lado del río, uno de los lugares
preferidos por los jóvenes musulmanes para beber tranquilos (y dicen que lo del
botellón es moderno). Los textos nos hablan de la costumbre en el beber, tanto
al alba, como le gustaba al hijo de Almanzor, Abderramán Sancho, como al
anochecer, o de los modos de servirlo y como había quienes consideraban una
pérdida de tiempo esperar mucho para beber.
Conscientes de que
estos auténticos santuarios guardan la Historia de Córdoba un grupo de
taberneros de la ciudad y la provincia, con emprendedores como Matías Vega,
Manolo Bordallo, Baldomero Gas, Pepe Salamanca, Rafa Gavilán y Ángel Morales a
la cabeza han constituido la Asociación Club de Producto Turístico Tabernas de
Córdoba con objeto de mantenerlas y relanzarlas promocionado ese patrimonio
gastronómico que son las tapas y el fantástico y único vino de la D. O. Montilla
– Moriles, y en consecuencia a nuestro territorio, como un atractivo turístico
más. No se trata exclusivamente de vender vino sino de proyectar la ciudad y la
provincia al exterior por medio de nuestros excelentes productos con acciones,
ya en marcha, como la creación de un logotipo y la mascota “Tabernas de Córdoba”
o la edición de un libro de recetas de nuestras singulares tapas. La inquietud
de estos nuevos emprendedores que creen en el desarrollo a través del trabajo
incansable les lleva a participar en las Rutas Literarias de las Tabernas y el
Vino que por tercer año consecutivo pone en marcha el Patronato Provincial de
Turismo de la Diputación de Córdoba con la colaboración y el patrocinio de
Turismo Andaluz S. A., el Consejo Regulador de la D. O. Montilla Moriles,
Hostecor y las Editoriales Almuzara, Edisur y El Almendro así como están
totalmente abiertos a la colaboración con el Master en Ciencias Gastronómicas de
la Cátedra de Gastronomía de Andalucía, un novedoso proyecto que nace como
muestra del acercamiento de Universidad y Empresa y, como consecuencia, en
beneficio de nuestra Córdoba del alma.